3 ene. 2012

PERU: LOS EMPRESARIOS APUNTAN A LOS ARTISTAS CONSAGRADOS

A pesar de que, según la Apdayc, la mayor parte de los conciertos internacionales en 2011 tuvieron perdidas, la proliferación de recitales para todo tipo de público evidencia la gestación de un mercado que, con una buena proyección y sin los excesos cometidos el año pasado, podría expandirse mucho más.

Lima no será la capital sudamericana de la música pop o del rock, pero, con la visita de más de un centenar de artistas de alto nivel, este año estuvo cerca de serlo, así la respuesta del público en muchos de los casos no haya sido la esperada.

"En 2010 la situación fue bastante aceptable en este tema, pero en 2011 la oferta se duplicó sin que la plaza esté preparada para ello", nos dice Jorge Fernández Mazaira, quien con su empresa Sinergia Creativa trajo a Paul McCartney a Lima.


Esta situación se dio con más énfasis entre setiembre y noviembre. No es casualidad: Dicha época del año equivale a la temporada baja para los artistas anglosajones en Europa y Norteamérica, por coincidir con el invierno.

Es entonces que sus agendas apuntan hacia el hemisferio sur. Sin embargo, en vez de aprovechar dicha coyuntura, varios empresarios locales entraron en una competencia por la organización de determinados conciertos, llevando a que los representantes de los artistas elevaran el caché de varios de ellos.

"Al ver que hay dos o tres compitiendo, las agencias suben sus precios. No son tontos", anota Fernández, quien preside una asociación de empresarios de los rubros de entretenimiento y cultura formada en el capítulo de Servicios de la Cámara de Comercio de Lima. Experimentado como pocos en el medio (el primer artista que trajo fue el cantante Carlos Argentino, en 1958), él apuesta a lo seguro. Prueba de ello es la contratación del británico Elton John para que se presente en el Estadio Nacional el 1 de febrero.

Además, acaba de cerrar trato con Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina para que su nueva gira conjunta pase por Lima a comienzos de diciembre, y estuvo negociando con Roger Waters, exintegrante de Pink Floyd, para que presente aquí su clásico disco The Wall (La Pared).

"No se pudo", admite. "El costo se iba a más de cinco millones de dólares porque se tenía que armar un escenario más de 50 metros, y para poder tener todo listo a tiempo para la fecha del concierto, había que traer este desde Estados Unidos. Y lo demás había que transportarlo desde Chile a bordo de dos aviones 747". El tremendo despliegue responde a las características de un show de características monumentales, pero, a juicio de Fernández, la inversión no sería proporcional a la eventual respuesta que el evento tendría aquí.

"¡En Argentina las entradas para sus dos primeros shows se agotaron entre setiembre y octubre!", exclama el empresario, quien recuerda además que Waters realizará en la capital argentina nada menos que nueve presentaciones en el estadio de River Plate.

"Aquí para lo de Paul McCartney vendimos quince mil boletos al inicio, pero nos costó un mes y medio llegar a las 48 mil". Aun se mantienen las reticencias derivadas de una época en la que eran frecuentes las cancelaciones de último minuto.

Eso explicaría esta actitud. Pero, pese a ella, en 2011 se anunciaron y realizaron numerosísimos eventos, muchos de ellos –ya se ha dicho– de poco éxito financiero, pero la mayoría artísticamente exitosos e inolvidables.

A todo volumen
El año que pasó, todos tuvieron lo suyo. Aquellos que esperaron durante años por megaestrellas como Paul McCartney, Ozzy Osbourne o Rod Stewart, no salieron decepcionados de sus respectivos shows, aunque la breve duración del que hizo este último generó escépticos comentarios entre quienes esperaban más de sus éxitos radiales.

En un plano similar, aunque orientados hacia un público algo más joven, Pearl Jam y Red Hot Chili Peppers mostraron en sendos estadios por qué han influenciado tanto a las generaciones posteriores a las suyas y por qué son considerados leyendas vivientes.

Por el flanco pop, Britney Spears, Backstreet Boys, Miley Cirus, Shakira, Avril Lavigne, Ricky Martin y Justin Bieber, también congregaron a miles de sus fans.

Los aficionados al reggae y al rastafarismo gozaron con gente tan emblemática como Junior Reid, Israel Vibration, Yellowman y Don Carlos, así como con representantes latinoamericanos del género, como los portorriqueños Cultura Profética y los argentinos Los Cafres y Fidel Nadal.
Por si fuera poco, The Wailers, la banda que fundara Bob Marley, estuvo presente, así como los hijos de éste, Ziggy y Damian; por separado, claro.

Los más aventurados deliraron con la experimentación electrónica / dub del productor Mad Professor, quien este año volverá por estas playas.

En cuanto al hip hop, la calidad prevaleció sobre la cantidad. Los veteranos Cypress Hill dictaron cátedra sobre lo que se ha dado en llamar gangsta rap, los cubanos Los Aldeanos mostraron que en su país también hay voces disidentes, y los boricuas Tego Calderón y Calle 13 confirmaron en vivo la creatividad expresada en sus discos, aunque estos últimos en el segundo show que dieron en Lima este año protagonizaron polémicos incidentes.

Las tribus adictas al rock pesado tuvieron por fin enfrente a los norteamericanos Slayer, pioneros del thrash metal, pero además a sus contemporáneos y compatriotas Overkill y a los alemanes Helloween.

También gozaron con la brutalidad sonora de los excepcionales Motörhead y de U.D.O., grupo encabezado por el teutón Udo Dirkschneider, vocalista de los legendarios Accept.


Vertientes más subterráneas, como el metal gótico, estuvieron representadas por los estadounidenses Lacrimas Profundere, los noruegos Sirenia y los holandeses The Gathering. Artistas más ligeros, vinculados de alguna manera a este género, como Paramore y Limp Bizkit, brindaron potentes shows.

El cantante de esta última agrupación asestaría un golpe certero a la costumbre de la audiencia rockera peruana de filmar los conciertos en vez de disfrutarlos, interrumpiendo el show para pedir que se aboquen a gozar de la música. Mención aparte merece la avanzada japonesa metalera, representada este año por la visita de grupos como Dir En Grey y X-Japan, y del guitarrista Miyavi.

Un fenómeno aun difícil de explicar en nuestro país El concierto de los emblemáticos punks californianos Bad Religion en el estadio de la UNMSM fue la prueba de fuego masiva para los productores independientes abocados a géneros como el punk y el hardcore.

Dentro de ese rubro puede agruparse también la visita de los recorridos Sick of it All.
En un plano más 'underground' se movieron grupos como los norteamericanos Strife, Boom Boom Kid, de Argentina, los brasileños Confronto y los chilenos Electrozombies.

Verdaderos íconos de las vertientes alternativas gestadas a lo largo de las últimas cuatro décadas también nos dejaron sus huellas el año pasado.

El show de los británicos James –pleno de emotividad y belleza musical– fue sin duda uno de los mejores aquí realizados, junto al de los estadounidenses Jane's Addiction. Lástima que a estos últimos solo los vieranalgo más de tres mil personas.

Los electrónicos The Human League dejaron boquiabiertos a quienes pensaron encontrarse una agrupación anclada en los años 80. Lo mismo puede decirse de Tears For Fears, quienes cuidaron al milímetro el aspecto sonoro de su concierto.

Concrete Blonde, por su parte, demostró su calidad rockera y directa, The Skatalites dejaron sentada su condición de pioneros del ska y el inglés Tricky destruyó esquemas y clasificaciones a su paso; casi tanto como Sonic Youth, banda que, con base en su característica posición iconoclasta, y en la sapiencia acumulada durante tres décadas de actividad musical contracultural, dieron el que a juicio de quien esto escribe fue el mejor show de 2011.

Una clase magistral sobre cómo hacer que el rock siga siendo una fuerza creativa válida, ajena a clichés y en perpetua rebeldía.

Lo preocupante –además del hecho de que muchos de estos shows no hayan arrojado en su mayoría utilidades– es gran parte de los artistas arriba mencionados son consagrados; con trayectorias prolongadas.

A diferencia de lo ocurrido en otros países de Sudamérica, pocos artistas actuales pasaron por aquí. 
Entre ellos puede mencionarse a los dúos estadounidenses The Kills y Capital Cities (quienes, enterados varias canciones suyas eran éxito en la única radio rock limeña, vinieron por su cuenta), al francés Adanowsky (quien brindó un show casi clandestino en un pequeño bar limeño), y noruegos cultores del folk acústico Kings Of Convenience,responsables de uno de los conciertos más atípicos y memorables del año, caracterizado por sus constantes pedidos de silencio a un público enfervorizado.

La falta de interés de los empresarios respecto a músicos más contemporáneos deriva sin duda de la previsión –comprobable fácilmente– de que estos no atraerán a un público numeroso.

Esto se debe a su vez de la ausencia de medios orientados a difundir propuestas musicales vigentes. La nostalgia estéril de las radios de alcance nacional finalmente ha empezado a pasarle la factura a un rubro que hasta hace poco parecía sumamente rentable.

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