6 ene. 2012

EL CASSETTE: CUMPLE 50 AÑOS

El cassette cumple 50 años y, aunque prácticamente ya forma parte de la vitrina de antigüedades, será recordado como el objeto que permitió la reproducción doméstica e ilegal y marcó el comienzo de la crisis del mercado discográfico

La “cajita” de grabación de sonido fue creada por Philips en 1962 y lanzada al mercado al año siguiente.

Rápidamente se convirtió en un modo de escuchar música, aunque nunca tuvo la fascinación del vinilo ni la calidad de su sucesor, el CD.

A esta altura representa un objeto en el limbo entre el arte moderno y la arqueología industrial y para las generaciones que crecieron con el MP3 tiene el mismo efecto que el gramófono para los jóvenes de los 80 o 90.

Sin dudas este objeto que aún resiste en las estanterías olvidadas de las disquerías cambió una época porque ayudó a descubrir al mundo la “magia” de la reproducción doméstica e ilegal.

Cuando salió al mercado, se vendían millones de discos pero todos sabían que al prestarlo a los amigos ese material sería copiado de manera ilegal en casetes.

En el plano comercial y de costumbres fue una verdadera explosión porque los casetes “vírgenes”, aquellos que no tenían grabadas pistas, costaban poco dinero y se podían escuchar en dispositivos portátiles.

Poco después, cuando se inventaron los pasacasetes, que eran los dispositivos que permitían escuchar los casetes en los automóviles y los walkman todos descubrieron el placer de escuchar la música en movimiento.

Los fabricantes de automóviles tuvieron que reformar los espacios para el pasacasete, así como los hogares adaptar los muebles para armar sus colecciones porque el casete era más pequeño que los famosos vinilos.

Había varios tipos de casetes, uno con una cinta que permitía registrar sonidos durante 30 minutos, el de 60 o de larga duración que permitían 90 o 120 minutos de grabación.

El de mayor capacidad permitía grabar un LP por lado, aunque no siempre alcanzaban los minutos.

Este pequeño objeto de plástico, que podía ser de colores, blanco y negro o transparente, desató la fiebre de la compilación privada, verdaderos profesionales del ramo surgieron y durante décadas la cinta dedicada fue un instrumento destinado a declarar amores.

Hasta se podría decir que la compilación de autor y de amor reemplazó a las viejas serenatas, con enorme placer para aquellos que no sabían ni cantar ni tocar la guitarra.

Un defecto del casete es que el cartón que cubría la caja nunca alcanzaba para escribir las canciones registradas porque tenía pocos renglones.

Las casas discográficas publicaban los trabajos de sus artistas en vinilo y en casete, pero por la simplicidad de su uso las copias en cinta era siempre las más vendidas.

Para la industria el casete tenía una ventaja porque duraban poco y se rompían fácilmente.

Varias generaciones deben recordar las tardes que pasaron con una lapicera intentando colocar la cinta en su lugar luego de que se enganchaban en el reproductor.

Si la lapicera no funcionaba, había que buscar un especialista para que abriera las tapas de la “cajita” e intentara salvar la música.

A sus 50 años, el casete ya está jubilado, superado por el CD las grabaciones en Mp3, y el renacimiento del vinilo, objeto de culto para los amantes de la música.

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